22.10.07

PRIMAVERAL



Una nueva tela sobre el atril. Un bastidor modificado de emergencia por una repentina escasez de material.
El inicio de una nueva obra, por tanto, obligada revisión de los otros cuadros que se han ido juntando. Una mención, un alcance recurrente, tratándose de una producción con colores acrílicos: cómo hacer para resolver mejor la contundencia cromática, la calidad de los blancos...
Me visita Raúl, mi hacedor de bastidores. Le comento el tema. Barniz de poliuretano, acrílico modificado más pigmento, esa es la solución, me lanza muy seguro. Al rato, talvez ya algo divagante, me sugiere intervenir mi elemento diluyente, o sea, el agua. ¿Pintar con agua mineral? ¿O de pozo? ¿Dejar un balde en el patio todo el invierno como reserva para el resto del año?

¿Puedes reenviarme esa foto? ¿Dónde fue? ¿En qué ceremonia? ¿En qué evento? Un lanzamiento de algo, una exposición... De cuadros, no creo. En fin, ahí estás, en medio de ese grupito de señores moderadamente canosos, risueños, de robustas mandíbulas y camisas impecables; un par de féminas, algo jirafescas, rubias, los brazos desnudos, verano, inicios de.

RAHIB ABOU-KHALIL (No te fíes demasiado de All Music: su criterio de calificación seguro que impresiona por lo amplio, lo exaustivo, pero falla con demasiada frecuencia y en los peores momentos.) Ahí está el jefe, el libanés de Munich con su oud entre las manos y nos visita en esa tarde de diciembre en aquel adoquinado patio de Nueva Costanera, entre economistas encorbatados y políticos de la UDI. No fueron, como habría sido perfectamente razonable suponer, apenas un par de minutos de performance como por cumplir. No, un tema tras otro, con sendas e inspiradísimas improvisaciones: la ovalada guitarrita islámica lanzando chispas, el variopinto arsenal de tambores, el saxo, jazzístico, severo, enloquecido. Todos impresionados, sobrecogidos ante tamaña exhibición de talento. Incluso uno de los dirigentes UDI sintió el íntimo impulso de avanzar hacia el maestro y, tras estamparle un beso en ambas mejillas, declamar con franca emoción algo tipo "Hemos sido ciegos: la voz del Islam debe ser escuchada, debe ser atendida."
Y tú ahí en medio, asistiendo como privilegiado testigo.

Por eso ahora te pido, please, mándame esa fotito. No atiné a comprar El Mercurio ese día para haberla recortado de la Vida Social. Ahora le tendría aquí muy cerca en el taller, en un marquito. Te aseguro que la reclamo como inspiración para momentos como estos en que me enfrento a una nueva tela en blanco.